miércoles, 9 de mayo de 2012

UN ACERCAMIENTO A LA POÉTICA MARGINAL DE ELMER ARANA




                                                                                                        Por: Víctor Salazar





En un libro titulado “El cine de la marginalidad”, Christian León, demostraba que es a partir de la década del 60, y sobre todo en América Latina, que se comienza a hablar del tema de la marginalidad o de las poblaciones marginales, indicando “a un sector tradicional, sin empleo estable ni ingresos suficientes, necesitado de la gestión del Estado para integrase en la sociedad moderna”. Más adelante concluirá que dicha población es el contrario de términos como sociedad o institución o racionalidad. Como se podrá evidenciar, el término tuvo desde siempre un tono excluyente proveniente del imaginario de los estratos hegemónicos  logrando así perennizar sus concepciones rayanas con el descarte, la dependencia y la excedencia. Hoy, en pleno siglo XXI, el término, al menos en el Perú, ha tomado nuevas direcciones que la complementan y estructuran, dándole una dinámica propia, una música característica y un color local con sabor a chicha y technocumbia.

En “Diario de los suburbios” (Editorial Pasacalle, 2010), Elmer Arana, se apropia de estos elementos, y siguiendo una fórmula ribeyriana, presta su voz a quienes la han perdido por los constantes espaldarazos del sistema. A través de Arana, los personajes de los bajos fondos, cobran vida y se revelan a través de todo el libro ante las ideas preconcebidas de los otros. Es en este poemario donde sus personajes, arrebatados a la cotidianidad, pasando por el niño que delinque hasta el adulto que sucumbe ante el alcohol, filosofan sobre esa pesadilla de vida que les ha tocado vivir y lanzan sus alegatos, no carente de esperanza, exigiendo esa realidad que su humanidad merece. Cabe señalar, que en este poemario, lo marginal no se desprende unilateralmente, sino que evidencian la indiferencia y la indolencia del hombre actual como las peores miserias humanas. Este poemario, por tanto, no es un cuadro de deleite artístico, donde el autor se regodea con beneplácito, sino que asume un rol como escritor con suma criticidad alegórica.
En Umbrales de la Insania, primer poema del libro, por ejemplo, el yo poético de Arana se traslada amargamente hasta los límites de su conciencia infantil, para mostrarnos un cuadro desolador, pero carente de todo dramatismo. Es más, el personaje niño, asume su realidad como un escenario inmerecido y por tanto, se revela ante él,  soñando con el día en que el mundo descubra su horrible rostro en el espejo.

Mi infancia fue una carretilla rodando por los mercados/ entre olor a tráfago y cebollas./ Si quieres saber de mí/ pregúntale a los domingos./ Si quieres saber de mí,/ deberás mirarte al espejo.

Si quieres saber de mi vida,/ vete a mirar al mar  —diría Martín Adán, como una manera de desligarse de la coyuntura existencial. Esto que soy es simplemente eso. Yo solo vivo, pareciera decirnos.
Como es evidente, el personaje de nuestra pequeña historia descubre su no pertenencia a estos suburbios, es más reclama una realidad que no sea la suya, confiando en que su circunstancia no es más que una cuestión coyuntural y la felicidad un motivo constante y pendular.
En “El escolar”, acaso uno de los mejores poemas del libro, el autor persigue a un niño que intenta una educación formal, pero que es ganada por una subcultura que lo lleva a delinquir, mostrándonos la debilidad del sistema educativo y los abismos existentes entre escuela y realidad. Aquí se presenta una lucha por la supervivencia, una lucha constante amenazadora entre la moral y la dignidad. Su lectura me recuerda la voz de Alberto Benavides en un epigrama diciéndonos: A los niños del Perú les digo: antes que mendigar, roben. Pero otro es el decir de Arana:

Yo soy el escolar desharrapado,/ a quien no deben imitar los niños buenos./ Si me vieran por las noches tirando de su cartera,/ deberán entenderme;/ a mí la vida me debe un poco de cartera./ Si en cambio vieran sosegada mi pata de cabra/ tendrán que huir azorados/ porque ya no seré el ristrón que con mustios pastos se conforme.

En una conversación previa a este encuentro, allá en las alturas de Lircay, en Huancavelica, Elmer Arana contaba que algunos de los poemas de este libro habían sido vivenciados,  curiosamente por ese profundo sentimiento de complicidad hacia lo humano y esa rara fascinación por el realismo crudo. Prueba de ello, es el poema El hombre de las alturas, donde el poeta asume el rol de interlocutor para que el criminal de la historia pueda descargar toda su riqueza existencial.


Vivo aquí en las alturas,/ cubierto de silencio y arenal. (…) Abajo habitan los otros,/ con sus luces de neón,/ sus cementos pulidos y trajes que no conocen de esta arena. (…) Mas en las noches soy el rey. Mi imperio descansa entre la niebla. Y entonces desciendo al llano.

Aquí, el personaje real de nuestra historia poetiza su condición y nos la entrega enriquecida cual si fuera una invitación que nos permita prolongar nuestros propios reinos de la sabiduría y acercarnos por un momento hacia los caminos del exceso.

Nada puede detenerme/ cuando la noche me vomita a las avenidas/ como animal prehistórico./ Nada puede mutilarme/ cuando invado el pavimento.

Sin embargo, nuestro personaje reconoce que todo ello no es perenne, que existe el límite, una luz enemiga de los sueños que nos ha de frenar:

Entonces, el sol, enemigo de los sueños,/ vuelve a anularme,/ a desvestirme en el asfalto/ y no tengo más remedio que regresar,/ volver a mis cerros,/ a esconderme en la neblina.

Al final de cuentas, en el sueño o en la vigilia, no somos más que hombres. Como hemos podido advertir, Elmer Arana a lo largo del libro no fabula, ni mucho menos idea con su intelecto aspectos sin evidencia, es más que todo, en este libro, un fotógrafo de lo evidente, un poeta que, propone una lectura de la sociedad, aunque para ella tenga que prestar también su voz y su existencia. Sin embargo, Arana no es un pesimista sino todo lo contrario, ya que piensa, al igual que cualquier teórico estructuralista que esta situación podrá acabarse si las condiciones sociales imperantes también cambian. Por ello, muchos de sus personajes sonríen, porque la vida al final de cuentas es también eso: risa y llanto, un juego:

Yo sonrío/ el cielo es un gran fumadero que respira libertad,/ Aquí nada es distinto…/ todo sabe a estiércol.


Huancayo, mayo de 2012

CÉSAR PINEDA Y SU ARRIBO HACIA UNA POÉTICA VIOLENTA


Por: Víctor Salazar




Hablar de arte poética puede que sea un asunto consabido y por demás antiguo. Aproximaciones teóricas y/o retóricas de lo que debe ser un poema existe ya en la época de los antiguos romanos, para ser más exactos durante los años 20 a.C. Horacio, su mentor, a través de su Ars Poetica, se permitía explicar, desde ya, la seriedad del trabajo creativo y advertía algunos consejos para una mejor soltura en estos terrenos tan agrestes. Poetas de todos los tiempos, han sabido dejar sus considerandos sobre su quehacer poético o sobre su relación que mantienen con ella, dejando entrever lo que un poema es o puede llegar a ser desde su perspectiva artística o social.
Ya en pleno siglo XX, Vicente Huidobro, proclamaba al poeta como un pequeño Dios, un ser capaz de crear mundos inimaginables, un ilusionista, acaso un reformador cuya vigorosidad hallábase en la propia mente del poeta. En esa misma línea, Neruda, veintisiete años después, en 1958, en su poema “El hombre invisible”, menguaba esta idea señalando que el poeta no poseía ninguna superioridad, si es que alguna tenía, indicando, en todo caso, que ésta residía en el saber contemplar los derroteros del tiempo, para no caer en el hielo del mundo: En él decía:

 Yo no soy superior / a mi hermano” (…) Sólo yo no existo, yo soy el único / invisible.

En nuestro país, ha sido la voz de Martín Adán, quien ha intentado una concepción y/o acercamiento a lo que llamamos con tanta facilidad poesía. En su Escrito a ciegas afirma que: La  Poesía es,/ inagotable, incorregible, ínsita./ Es el río infinito/ Todo de sangre, / Todo de meandro, todo de ruina y arrastre de vivido...
En fin, mucho puede decirse sobre el respecto, ya que diversas son las concepciones del trabajo poético, su finalidad y su compromiso. En esta oportunidad es César Pineda Quilca quien, conciente o inconscientemente, también se ha atrevido a dejar constancia de su quehacer como poeta. En “El arribo de un éxtasis violento” (Toro de trapo editores, 2011), ópera prima de Pineda, muchas son las afirmaciones que de ella se derivan y aunque dispersas, creemos forman un corpus operandi, donde el yo poético se viste de mocedad y bisoñez, para poetizar sus alegatos desde el llano ante quienes se sienten dueños de la palabra, y que a manera de ejercicio, le sirve a nuestro poeta, para también postular sus concepciones literarias, las cuales hemos querido sintetizar en esta oportunidad
En un primer momento, Pineda se refiere a la actividad poética, como una descarga eléctrica, para señalar los efectos que ésta tiene en el yo cotidiano, acaso como una especie de revelación que nos compromete a salir de nuestra caverna y asumir cierta responsabilidad para con nuestra verdad recién llegada. En “Escribir el poema”, el poeta afirma:

Como quien recibe/ Una fuerte descarga eléctrica./ Así es el poema./ Terrible sacudón de un torbellino sin calma./ Manotazo de ahogado/ Después de un oleaje de nervios.

Pasada la conmoción, Pineda, comprende que este es solo el primer paso, el sacudón, como bien afirma, ya que luego queda la responsabilidad, la toma de verdadera conciencia ante la hoja en blanco. Y se pregunta intrigado quiénes serán aquellas personas que, entregadas a su verdad, se comprometan a hacerla extensiva a través de este ingrato oficio de la palabra, que aúlla sola en medio de un desierto de personas.

Quién de ustedes/ Podrá lanzarse/ Al poema/ Para terminar/ Clavado debajo de la tierra. (Incógnita 2)

                La pregunta es certera, si se tiene en cuenta que la poesía es una entidad que está presente en la totalidad de las cosas. Incluso en nosotros mismos, pero sabiendo ello, ¿quién debe asumirla? Pineda, la asume, y en su soledad lanza botellas al mar, entregando ciertas verdades, buscando complicidad, como lo demuestran los versos que siguen: 
Todo poema/ No es más que una sombra/ Que nos persigue a todas partes./
Una/ Puerta oculta./ A veces/ Nuestra única salida. (Penumbra)

                O en un ruego común, invoca a los hombres a lanzar su palabra como aquel que despide una piedra y rompe una ventana en plena calle, causando la conmoción del respetable, para luego huir.

Escribe,/ Hermano, escribe./ Si no lo haces pronto/ Nadie sabrá que has existido./ Hazlo / Pronto y desaparece.

O cuando señala la renovación del mundo a través de este inmenso diálogo que puede llegar a ser la palabra.

Cuando exista/ Un lector de poemas/ Se acabará el mundo y temblará de nuevo toda la tierra.

                    El poema como permanencia o salvación, esas son  las dos verdades a las que ha arribado Pineda en esta estancia del poemario. Y he aquí, tal vez, la tragedia o la gloria del poeta: encontrar los pasos que le permitan cruzar esa puerta. Se sabe solo y para ello, estira su mano como un mendigo, ante quienes puedan prodigarle nuevas verdades que le permitan seguir creando:

Leo un poema/ Y estiro / Mi mano / Como un mendigo. (S.O.S)

Aunque el camino de la creación pueda parecer desolador, la voz del poeta sabe que la verdadera alegría está en intentar la escarpada. Sin embargo, es imposible no expresar los arrebatos ante su primera caída. En No hay más que decir, el poeta concluye:

Ya no pienso escribir./ Por escribir uno se enferma./ Prefiero leer en este momento./
Y olvidarme de todo.  

Es cierto,  que todo ha sido dicho. Los grandes temas del mundo han sido explotados con maestría por muchos poetas antes que nosotros. Entonces, qué nos queda. ¿Seguir hurgando en nuestra realidad más cercana? ¿Seguir asumiendo que el poema sea la suma de nuestras partes? Rilke, invitaba a recurrir los motivos que cada día nos ofrece nuestra propia vida. Describir nuestras  tristezas y nuestros anhelos, nuestra fe en algo bello; dicho todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Pues, para un espíritu creador, no podía existir la pobreza.
                En ese sentido, nuestro poeta asume su primera caída como una estancia de aprendizaje y madurez, una de muchas otras que seguirán sucediéndose en el camino. Mientras tanto, el poeta de nuestra historia sueña y declara con resuelta ironía a los cuatro vientos lo que espera de los días: Ser el dios de sus propios poemas.

                A VECES/  Me computo/ Dios de este poema.

Pineda, es cauto en cuanto a su palabra. Sabe que el camino elegido es arduo. Pero, recogiendo las pistas dispersas en “El arribo de un éxtasis violento”, podemos deducir que su arte poética señala que la poesía es: asombro, arrojo, salvación, diálogo perpetuo, unión, renovación, humildad, decepción y gloria. Este es el derrotero mostrado por el poeta. Una imposibilidad de configurarse victorioso, como diría Paolo Astorga en el colofón del libro. O más aún: una puerta oculta que invita a ser violentada por la palabra.


Lircay, mayo de 2012






lunes, 27 de febrero de 2012

CAYO SANTOS, poesía viva





Casa alquilada

Mi casa tiene la tristeza de un pescado
Que no pudo ser vendido
Porque  fue voluntario
En las redes de los pescadores

Mi casa tiene un jardín
Donde mean todas las mañanas
Los perros a la rosa amarilla
Que no pudo florecer
Por ser dueña de Antamina

Mi casa tiene la soledad de un poeta
Pegado en la pared
Mirando fijo a los ojos de una araña
Comiéndose una mosca
Esquina oculta del silencio

Mi casa tiene un techo
Con un agujero grande bien grande
Por donde se mete el cielo
No tenemos puertas
A donde vamos no salimos

Mi casa es un fumadero
Llamado país
Donde todo es ilusión
Si crees que la verdad no es droga
No eres de este mundo –paisano…
Mierda… aquí nada es real




Poema

Yo el pintor
El proxeneta de Santa Clara
Ladrón de campanas
Mediador de embajadas
He rapado con el pincel
Los cabellos y la barba del Nazareno
Y «oh» sorpresa era igual a mí
El ebrio de Siete Vueltas
Tú como yo
Tienes la cara magullada
la sonrisa herida
Y una que otra Magdalena por ahí
Señor
Escuché decirte «tengo sed»
Salud
Aunque no sean Las Bodas de Canaán
Ni este cáliz tu sangre
Pero igual beberemos
Tú por sacrificar tu nombre
Y yo por ser el ebrio de Siete Vuelta

(De Pueblo Joven, Poetas caminantes)

__________________
Estudió Educación en la Universidad de San Cristóbal de Huamanga. Cayo Santos es uno de los poetas que creen en la poesía viva, por eso declama con la   intensidad de su voz, en calles, parques o en cuanto lugar se le antoje. Su poesía, sutilmente social e intimista logra amalgamar la sensibilidad de un pueblo que se ahoga en los avatares de la modernidad.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Versos perdidos


Una palabra duerme
olvidada
sobre mi cama.

Una palabra. Sí,
una palabra.

Tal vez sea
un remolino estancado
o el sol que huye de los collados

Una palabra
pasea por mi brazo,
se desliza por mi pie,
sin encontrar en los campos
la semilla.

Una palabra
busca el brillo de mis ojos.
En ellos no habita nadie;
ni las moscas azules,
ni los aires otoñales.

En ellos hay
una covacha
donde duerme
una hoja blanca.

Allí vivo
exiliado de mis sentidos,
tejiendo los hilos del firmamento.

¿Quién soy yo?
sino esa palabra perdida
que no sintoniza en la vida.

domingo, 14 de agosto de 2011

EL ÁRBOL

                                                                  (Magaly Salazar Ascona)*

Recorro tus raíces hasta tus ramas
me impregno en tus capilares
hago alianza con tus células.

Pero tú no haces nada para voltear y mirar
la avecilla que está en tu copa.

Haré conciertos matutinos
y no sabrás quien cantó para ti.

Haré un nido en tu copa, nacerán poyuelos
pasará la primavera, llegará el tiempo de volar
y solo así te darás cuenta de que estuve en ti.

_________________________
* Poeta chinchana, integrante del Movimiento Literario Conde Pebleyo. Organizó el I Congreso Nacional Lingüístico Literario "Oswaldo Reynoso". Actualmente se desempeña como docente en la provincia de Cangallo, Ayacucho.

domingo, 7 de agosto de 2011

ENTRE PÉNDULOS Y CONVULSIONES EN EL "DIARIO DE LOS SUBURBIOS", DE ELMER ARANA MESÍAS






            Por: Gloria Dávila Espinoza





Ha llegado a mis manos un trabajo muy serio, se trata del libro "Diario de los Suburbios" del poeta ayacuchano Elmer Arturo Arana Mesías, un poemario pocas veces visto, menos aún, leído. Uno que es capaz de arrancarte el alma, pues las lágrimas ya la tienes a mares batiendo en alas del dolor, con sólo adentrarse a los mundos que en ella se describen, te hallarás amalgamado a sus versos, los que con una sutileza fina nos entrega; con el máximo desgarramiento de todas esas voces, corriendo tras un péndulo que se esparce, convulsionando tiempos y enfurecido por la impotencia de resolver sus mínimos problemas, los que la sociedad ha sabido entregárselos. Sé que no es difícil si se piensa en horizontal, te preguntarás ¿Cómo es posible vivir sonriendo cuando en este mismo espacio en el que diariamente te acuestas feliz, hay quienes no conocen ni el tiempo de dormir?

Elmer Arana, hoy nos entrega en su poemario "Diario de los suburbios" en palabras desnudas toda las agonías, todas; enlazándonos con los instantes mismos en el que el dolor al otro extremo se debate entre la vida y la muerte, la supervivencia y el exilio. Esa su poesía nos transporta a un mundo difícil, insondable. El sufrimiento es innombrable y cada uno de esos seres nos arrancarán la indiferencia y acabaremos abandonado al corazón indolente y sordo; y no lo digo porque muchos no lo quieren oír, peor aún ver -por comodidad diría yo- sino que esa faceta de la vida no se ven si no se tiene ojos verdaderos. Éste es el Perú, ése que muchos no conocen, el Perú de los menos favorecidos, los desarrapados. Dirás entonces, me urge leer esos versos, dejar sin aliento mi existir, pero eso no es suficiente. Mejor no acercarnos a sus versos si aún no tenemos el compromiso de cambiar.

Mejor no leer a Elmer Arana Mesías, y seguir siendo felices, y ojalá quedemos con la conciencia en usanza; eso sería realmente gratificante; por lo menos para replantearnos uno tras otro la tarea que nos concierne llevar a cabo; es decir el olvido de quienes sufren y seguir existiendo felices, ¿para qué nos hacemos tanto problema...?

Y a pesar de todo, he seleccionado poemas para su lectura, con las disculpas del caso.

He conversado con él y entiendo sus razonamientos para retratar ese espacio en el que viven los del otro lado, esos que jamás saben de alegrías, porque no hay tiempo sino para el trabajo y el descanso es el amor al mismo trabajo, porque hay que comer y pervivir.

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lunes, 1 de agosto de 2011

AUTOCONFESIÓN


Confieso que soy niño,
que aún vuelan cometas por mis calles.

Confieso que te miro
sin que mis ojos logren atraparte.

Confieso que no leo, que nací ciego,
que soy reflejo de un sol que apenas arde.

Confieso que fui sueño, chispa, hoja al fin
que se apagó al incendiarse;
que en el vuelo perdí las alas
que olvidé el espesor de tu sombra.

Confieso que no soy yo, que soy el otro
que no encuentra la palabra exacta
para decirte que estos versos
los hize buscando la esperanza.

jueves, 21 de julio de 2011

“Tras las huellas de Arguedas: aportes a la educación peruana”, Segundo Premio en el XX Concurso Nacional de Educación Horacio 2011


Una gran noticia me sorprendió la tarde del 3 de julio, cuando Ricardo Virhuez Villafane, director de la Revista Peruana de Literatura y editor de mi poemario Diario de los suburbios, me llamó para informarme que había obtenido el Segundo Premio, en la Categoría de Ensayo Pedagógico, en el XX Concurso Nacional de Educación “Horacio” 2011. “Revisa La República”, me dijo. Como yo soy un tipo escéptico fui comprar el diario. Era verdad. Ahí figuraba: SEGUNDO LUGAR (ENSAYO PEDAGÓGICO); SEUDÓNIMO: Ernesto; OBRA: Tras las huellas de Arguedas: aportes a la educación peruana. AUTOR: Elmer Arturo Arana Mesías; PROCEDENCIA: Ayacucho.


Decía que la noticia me sorprendió porque el ensayo aún estaba inconcluso. Quedaba por completar otro capítulo que el tiempo y el descuido no me permitieron completar. El ensayo que consta de 86 páginas busca sistematizar los más importantes aportes que José María Arguedas dio a la educación peruana. De Arguedas sabemos que fue escritor, antropólogo, etnólogo, folklorista, músico pero poco hemos reparado en su faceta de maestro de escuela. Allí propuso verdaderas revoluciones en la educación.

Arguedas ejerció la docencia en el colegio Mateo Pumacahua de Sicuani con cuyos alumnos recopiló las manifestaciones culturales de la zona y las publicó en un folleto. Ante la ineficacia del sistema educativo para alfabetizar a los niños indígenas quechuas propuso el “método cultural” que planteaba el aprendizaje de la lectura en el idioma quechua porque así, según sostenía, la lectura adquiriría valor al comunicarles la “intimidad de su alma” y no se limitaría a un mecanismo repetitivo de palabras españolas que, para los niños quechuas, nada trasmitía.

Criticó ácidamente el modelo de escuela tradicional que imponía una educación bancaria y memorística. Sostenía que el alumno no podía continuar con la pasividad que le inhibía el aprendizaje sino que este debería sumergirse en la investigación del entorno. Decía que los estudiantes que tenía a cargo, eran más alumnos fuera del colegio que dentro de ella.

Fue profesor de Castellano sin él tener formación docente. Sin embargo, ya intuía que el método gramaticalista de enseñanza del español no ayudaba mucho a dominar el idioma. Lo comprobaba al afirmar que siendo él un lego en materia lingüística tenía un dominio del idioma español que su prestigio como escritor fundaba.

Como se verá la veta educativa de Arguedas no ha sido totalmente explotada. Hay mucho por estudiar y retomar. Tanto que este minúsculo ensayo no pudo abarcar.

Volvamos al premio. La ceremonia fue muy protocolar: mucha pompa y poca intimidad. Me hubiera gustado departir algunos momentos con los maestros ganadores que vinieron de diferentes partes del Perú; sin embargo, no se dio. Acabó la ceremonia, luego un brindis, unas copas y los maestros se retiraron silenciosamente. Me sorprendió la presencia de la poeta huanuqueña Gloria Dávila quien llegó desde Tingo María. Me había dicho que iría y allí estuvo.

Ahora que ya las aguas se calmaron es hora de volver a lo real. Al trabajo, a la escuela, a los alumnos de la modesta I.E.P. “Haya de la Torre” (Vinchos, Ayacucho) donde laboro, quienes me enseñaron a entender más el mundo del que Arguedas hablaba en sus obras; con quienes aprendo a sentir, a vivir y a ver el mundo desde la lengua quechua en su conflicto permanente con el español que a empellones, muchas veces, me obstino en enseñarles.

domingo, 5 de junio de 2011

GLORIA DÁVILA PRESENTACIÓN DE LIBROS


El jueves 02 de junio, en el Centro Cultural de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga se realizó la presentación de tres libros de la escritora Huanuqueña Gloria Dávila Espinoza: las novelas "La Firma" y "El Hijo de Gregor Samsa" y el poemario "Danza de la Noche".

"La Firma" fue presentada por el periodista y escritor Luis Ledesma Estrada quien rescató el valor testimonial de la obra en lo referente a la problemática de la comercialización de drogas en la selva peruana y la existencia de firmas del narcotráfico que operan en esa zona. La obra recrea los conflictos existentes en torno a ese flagelo. En cuanto al uso del lenguaje este obedece a las necesidades de otorgarles a los personajes el registro lingüístico adecuado. En ese sentido hay un nivel literario, un nivel coloquial e incluso un lenguaje coprolálico presente en la obra.

"El Hijo de Gregor Samsa", presentado por el profesor Atilio Rivera Alarcón recorre las posibilidades imaginativas de la autora al conferirle un continuidad a la monumental obra de Kafka, "La Metamorfosis".
Inés Acosta, en representación de la Asociación de Escritores de Ayacucho presentó "Danza de la Noche",  un poemario dedicado íntegramente al vate universal César Vallejo. La autora menciona que estando en tumba de Vallejo un cosmos sobrenatural la invadió para dar rienda suelta a sus versos que fueron recogidos bajo ese título. "Danza de la Noche" porque para la autora, según expresa, Vallejo no nació ni vivió de día, sino que su vida fue una total oscuridad.
Un nutritivo menú se ofreció esa noche. Asistieron a la presentación los poetas Marcial Molina, Nora Alarcón, Efraín Rojas, Elmer Arana, Antonio Sulca; los artistas plásticos Claudio Martínez, Wari Zárate, entre otros.

sábado, 4 de junio de 2011

ENTREVISTA AL POETA MESÍAS


Por:  Augusto Huayta Medina

Elmer Arana Mesías, “Diario de los Suburbios”, editorial Pasacalle, octubre 2010.

Aquí les dejo con la entrevista de esta nueva voz que no canta a la iglesia ni a los apus, ni a la violencia de los 80 de que creo estar seguro lo vivió en carne propia, sino al desenlace a la discordia y a la orfandad del pueblo con el hombre con la nación y con Dios.

¿Qué es para usted la poesía?

Juan Cristóbal decía que la literatura había sido en su vida un arma de doble filo: por un lado «ayuda a vivir, a develar el mundo, a embellecernos con sus imágenes y figuras (…) a trasladarnos a mundos muchas veces irrealizables. Pero también nos ayuda a saber que la vida es una mierda, un fracaso, una frustración enorme, un enorme vacío».

Yo ya sabía que la vida era una mierda. Lo había comprobado desde muy temprano. Así que la literatura me sirvió para descubrir el primer mundo del que habla Cristóbal. A darle belleza a esos momentos caóticos en los que se desenvuelve la existencia humana. Si la literatura no hubiera llegado a mi vida creo que no me interesaría mucho vivirla. En ese sentido la poesía y la literatura es para mí, antes que todo, una tabla de salvación, un espacio donde me desnudo, donde puedo ser yo mismo, imaginar mundos mágicos, sueños imposibles, como lo dice Juan Cristóbal.

¿Qué definición le da a su poesía?

Puedo definirla de humana. Antes que cualquier interés retórico está la idea de comunicar algo, un estado de las cosas.

¿Cuál es el motivo en la poesía de Elmer?

La vida misma. Trato de representar lo que no se dice, lo que nadie quiere ver, lo que se debe esconder a las visitas.

¿Cómo ve la poesía ayacuchana?
Voy a referirme a la poesía joven. Hay mucha gente decidida a hacer poesía. La poesía ayacuchana ha tenido muy buenos representantes aunque muy escasos. Sin embargo noto que no ha habido exploración de otras temáticas, de otras formas de comunicar. Los poetas de la generación precedente se quedaron en el modelo modernista. Hay una impresión de que la poesía debe llevar intrínseca la identidad ayacuchana y en esa noción se llega a hacerla hermética a otros conceptos. La idea de la identidad es muy compleja por el hecho de que nos lleva a discutir qué es lo ayacuchano y que no. ¿Hasta dónde es posible encontrar lo ayacuchano en la poesía? Una tarea antropológica.

Ayacucho ya dejó de ser una aldea cerrada a las influencias externas. Ya no es la ciudad que nos atrapa con su paisaje andino, que nos conmueve con los huaynos melancólicos, que transmite sus mejores emociones en el runasimi. También hay edificios, suburbios, pueblos jóvenes. A la gente le gusta la cumbia, la salsa, la música subterránea. Es rico el puca picante pero también lo es el ceviche.

Lo que trato de explicar es que si la poesía responde a un tiempo, los tiempos actuales exigen que haya una poesía que represente a todos. Entonces habría que reformular el concepto de identidad ayacuchana que hasta ahora se viene manejando.

Cómo dice Nicanor Parra: «Escriban como quieran / En el estilo que les parezca mejor/.../En poesía se permite todo».
¿Es necesario que poetas de provincia deban recurrir a la capital para ser reconocidos?

No debería ser así pero en la práctica eso es determinante. La mayoría de escritores reconocidos han tenido que emigrar a la capital para consolidarse un nombre. Lima sigue siendo un foco cultural que determina quiénes tramontan su tiempo y quiénes mueren para siempre.

Sucede que la crítica, los premios literarios, las buenas editoriales están concentrada en Lima. Al interior del país no se dan las condiciones para que emerjan escritores que rompan esa situación.

Tendría que generarse, por ejemplo, un premio literario al interior del país, que atraiga a los mejores escritores. Un premio que descubra a nuevos valores y que obligue a la crítica a voltear la vista al otro Perú.

Los escritores, los grupos literarios han surgido por que existe un cuerpo de críticos que los respalda. En el Perú, la crítica es muy escasa y a veces poco seria. A parte de la San Marcos, de la Villarreal y La PUCP (en Lima) y la UNSA (en Arequipa) no hay más universidades que formen en crítica literaria, salvo error mío.

¿Qué opina de los poetas que a diario se inaugura uno?

Mientras más poetas se inauguren mejor.

¿Qué autores ayacuchanos nos recomienda leer?

En poesía, Baltazar Azpur, Víctor Tenorio, Cayo Santos Huamán, Pedro Olórtegui, Héctor García-Blasquez. En narrativa, Sócrates Zuzunaga, Hildebrando y Julián Pérez.

¿Desde Ayacucho cómo ve la literatura peruana?

Desde Ayacucho se ve la literatura peruana, o por lo menos yo la veo, con mucho distanciamiento por una razón en especial: Es muy difícil acceder a los libros actuales que aparecen en el mercado. A lo sumo se logra conseguir de los escritores ya consagrados o de los más marketeados: Reynoso, Bryce, Roncagliolo, Cueto, etc. Rara vez llegan libros de Miguel Gutiérrez, Gregorio Martínez. Y de la poesía ni qué decir.

Las ideas generales que tengo son basadas a partir de extractos literarios que circulan en el internet o de los libros que de vez en cuando me agencio cuando voy a Lima a darme un paseo por Amazonas, Quilca o alguna librería del Jr. Camaná.

sábado, 7 de mayo de 2011

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "POÉTICAS"


                                                                 Por:  Héctor Ñaupari
Casa Museo Porras Barrenechea, 29 de abril de 2011

El arte poética es, para la poesía, género príncipe de las letras, semejante a la sinfonía y el solo en la música o al bodegón, el retrato y el desnudo femenino en la plástica: ejercicio definitivo del artista, que consolida su visión, constituye el manifiesto vital de su insolencia creativa o su domesticación, y reúne su concepto en torno al arte que ha elegido para darnos a conocer sus luces y desgarramientos.

Para los entendidos, con el arte poética las palabras del creador resuenan en nuestro interior como nunca han sonado antes. Son poemas que nos hablan sobre la poesía. Mejor dicho: en ellos el poeta habla sobre su poesía, o sobre la relación que él o ella mantienen con el poema, y al hacerlo van exponiendo ideas e intuiciones sobre lo que toda poesía es o puede llegar a ser.

De este modo, el interesante libro Poéticas de Raúl Allaín e Iván Fernández – Dávila es una selección muy reciente del tipo de poemas que en la antigüedad, con Aristóteles y Horacio, se llamaron ars poetica, y muchas veces simplemente “poética”– y que la modernidad recuperó a partir de la admirable composición “Art Poétique” (Arte Poética) de Paul Verlaine, una de las máximas figuras del simbolismo francés, creado en el punto culminante del frenesí turbulento que fue su vida bohemia e intensa, en su libro Antaño y hogaño, de 1884. Nos dice el atormentado amante del enfant terrible Arthur Rimbaud:


“Prefiere la música a toda otra cosa,
persigue la sílaba impar, imprecisa,
más ágil y más soluble en la brisa,
que –libre de lastre– ni pesa ni posa.
Que vuestra palabra tenga un indeciso
y equívoco paso, si lo decidís. […..]
Que tu verso sea fugaz y suave,
sutil y ligero, como vuelo de ave
que busca otros cielos y otro nuevo amor.
Que tu verso sea la buena ventura
esparcida al aire de la madrugada,
que huele a tomillo y a menta granada…
Todo lo demás es literatura”.

Por otra parte, un bello ejemplo del arte poética en el siglo XX es el poema In my craft or sullen art (En mi oficio u hosco arte) de Dylan Thomas. El galés, tan ebrio hasta la desmesura como genial en sus composiciones, nos dice, en su lirismo descarnado:

“No para los soberbios aparte
de la rabiosa luna escribo
en estas páginas rociadas
por las espumas del mar
ni para los encumbrados muertos
con sus ruiseñores y salmos
sino para los amantes, sus brazos
abarcando las penas de los siglos,
que no elogian ni pagan ni
hacen caso de mi oficio o arte”.

Ya en estos casos vemos que el arte poética es una recomendación de cómo escribir poesía o hacia quiénes va dirigida. Ahora bien, si vamos a los creadores iberoamericanos, la nómina es muy extensa: Rubén Darío, Antonio Machado, Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Mario Benedetti, Juan Gelman, entre muchos otros, nos dieron un testimonio de cómo concebían la poesía. Por ejemplo, Huidobro titula “Arte Poética” a un texto de su poemario El espejo del agua de 1916:

“Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.
Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata”.

A su vez, el autor de Odas elementales, Residencia en la tierra y Canto general define su Arte poética con versos como éstos:

“pero, la verdad, de pronto, el viento que azota mi pecho,
las noches de substancia infinita caídas en mi dormitorio,
el ruido de un día que arde con sacrificio
me piden lo profético que hay en mí, con melancolía
y un golpe de objetos que llaman sin ser respondidos
hay, y un movimiento sin tregua, y un nombre confuso”.

Para ambos poetas el arte poética es un mandato ineludible de la creación, un llamado incontrastable a la acción, una tarea impostergable, una espina en el costado que nos duele y debemos sacarnos para vivir.

El divino Borges nos dice en su “Arte poética”, perteneciente a su libro El Hacedor, fechado en 1960, que frente al transcurrir del tiempo y de nuestro propio tránsito, como se evade el agua de un río, la labor de la poesía es transformar la penuria que trae el tiempo, convertirla en música y símbolo, transformar la muerte en sueño. Pero, la poesía ha de mostrarnos, a la vez, nuestra cara, como si fuera un espejo, para brindar, entonces, una parcela de verdad. Así, la poesía permanece, pero de un modo cambiante como, permanece el río en su fluir:

“Mirar el río hecho de tiempo y agua
y recordar que el tiempo es otro río,
saber que nos perdemos como el río
y que los rostros pasan como el agua.
Sentir que la vigilia es otro sueño
que sueña no soñar y que la muerte
que teme nuestra carne es esa muerte
de cada noche, que se llama sueño. [….]
Ver en la muerte el sueño, en el ocaso
un triste oro, tal es la poesía
que es inmortal y pobre. La poesía
vuelve como la aurora y el ocaso”.

Otra modalidad de ese discurrir borgeano se halla en los poemas “Arte poética” de Juan Gelman, así como de Mario Benedetti. Para el primero de los nombrados, la poesía se representa como condena o penitencia de la que no hay escapatoria alguna:

“Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,
como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del alma,
cuando la enfermedad hunde las manos”.

Para el segundo de los mencionados, el poema se revela como un martilleo indetenible sin otro propósito que permitirnos escuchar al poeta:

“Que golpee hasta que nadie
pueda ya hacerse el sordo
que golpee y golpee
hasta que el poeta sepa
o por lo menos crea
que es a él a quien llaman”.

En el Perú, Javier Heraud dio al Arte poética una expresión más social. Veamos su texto in fine, escrito entre Madrid y La Habana, entre 1961 y 1962, henchidos de romanticismo revolucionario:

“Y la poesía es
un relámpago maravilloso,
una lluvia de palabras silenciosas,
un bosque de latidos y esperanzas,
el canto de los pueblos oprimidos,
el nuevo canto de los pueblos liberados.
Y la poesía es entonces,
el amor, la muerte,
la redención del hombre”.

Y, junto a la burla expresa de Antonio Cisneros, cuando dice en su Arte poética 1, de 1972, “Un chancho hincha sus pulmones bajo un gran limonero / mete su trompa entre la realidad”, se encuentra Marita Troiano, quien da el toque erótico a su “Arte poética”, dispuesta en su primer libro de poesía, Mortal in puribus de 1996:

“La poesía me hizo suya en un lecho de arena
y hojas blancas
lamidas por la brisa
con un sol rojo enardecido
con una luna abandonada
y fue mi sangre
fue mi piel
mi propia sombra
la poesía fue mis alas hacia la libertad”.

Así llegamos a este libro. Podemos decir que cada uno de los poemas de Poéticas es una joya en sí mismo y se convierte en un faro para seguir iluminando la obra de los autores. De su lectura ustedes podrán vislumbrar los ejemplos que hemos presentado, a fin de encontrar los que más directamente pueden llevarnos al sentimiento compartido, a la excelsa creación, no menos que a la solitaria reflexión.

Los poetas de este interesante libro redefinen, con amplitud e inteligencia, la sentencia de Shelley, quien decía que los poetas son los legisladores conscientes del mundo, y que extiende George Oppen, al sostener que “los poetas son los legisladores del mundo desconocido”. De este modo, el trabajo de cada poeta en Poéticas es una respuesta a una determinada coordenada de lenguaje e historia, y abre una vía nueva, un modo incógnito de entender este arte sutil como un perfume, violento como un asalto, sorprendente como un beso hurtado a una joven hermosa.

Por otra parte, como Isaías, el Príncipe de los Profetas, los versos de Poéticas se asemejan a revelaciones sobre las difíciles horas que ya vive nuestro país, que se ha convertido en “el portador de la zozobra que pudo maniobrar” como nos dice Alex Valenzuela en su poema Remembranzas.

Los días de desolación y desasosiego que también han vivido nuestros padres y los padres de ellos, en tiempos anteriores, pero también dictatoriales y perversos, se convertirán en “los cárdenos ladrillos de la casa ausente”, como versa Fabrizio Álvarez en su poema Retablo de sueños.

Y Poéticas nos anticipa nuestro comportamiento en este reino invadido de escombros que será el Perú, donde “en la ausencia más distante / me siento más cerca del abismo que de la muerte”, como sostiene el poeta Lenar Mar en su texto Eres la curva invisible.

Por eso mismo, habrá que recordarles, de modo permanente, a estos dos aspirantes de dictadores, uno de los cuales nos gobernará, para nuestra desgracia, el verso límpido de Heberto Padilla, Para escribir en el álbum de un tirano:

“Protégete de los vacilantes,
porque un día sabrán lo que no quieren.
Protégete de los balbucientes,
de Juan–el–gago, Pedro–el–mudo,
porque descubrirán un día su voz fuerte.
Protégete de los tímidos y los apabullados,
porque un día dejarán de ponerse de pie cuando entres”.

Y, a nosotros mismos, para entender nuestra singular condición, el magnífico poema Todo esto es mi país, de Sebastián Salazar Bondy, que les leo a continuación:

“Mi país, ahora lo comprendo, es amargo y dulce; mi país es una intensa pasión, un triste piélago, un incansable manantial de razas y mitos que fermentan;
mi país es un lecho de espinas, de caricias, de fieras, de muchedumbres quejumbrosas y altas sombras heladas;
Mi país es un corazón clavado a martillazos”.

Con Salazar Bondy, creo, sin embargo, que hay esperanza, “la respuesta necesaria que no escucha pero se pronuncia” como escribe el poeta Javier Cuquisibán en su creación Polivalencia intrínseca.

Cuando la democracia vuelva, Raúl Allain, Iván Fernández – Dávila, los autores de Poéticas, y muchos otros, regresaremos con los prisioneros, con los despojados, con las blancas mujeres dolientes, con los ateridos por los estragos de una larga espera. Con ellos nos pondremos la piel arrasada, los sacos sin recelo, el perdurable ímpetu. Seremos la primavera, la alegría, la ola libre azul que pese a irse vuelve siempre.

Y entonces, serán nuevas todas las cosas, el aire, la luz, la libertad, mi amor heredado, este hermoso poemario colectivo Poéticas, y sobre todo el mañana, que se extenderá como el cielo en la línea febril del horizonte.

Muchas gracias.


Santiago de Surco, 29 de abril de 2011



jueves, 16 de diciembre de 2010

NOAM CHOMSKY Y LAS 10 ESTRATEGIAS DE MANIPULACIÓN MEDIÁTICA

1. La estrategia de la distracción

El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. “Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones

Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad

Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir

Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión

Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad

Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad

Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad

Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen

En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

"LA REALIDAD SUPERA A LA FICCIÓN": Discurso de Scorza en el Simposio Nacional de Narrativa de 1982

Discurso pronunciado por el novelista Manuel Scorza a nombre de los narradores y críticos invitados en la Inauguración del “Simposio Nacional de Narrativa Peruana”, realizada en la ciudad de Ayacucho y organizada por el Departamento Académico de Lenguas y Literatura de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga, del 18 al 23 de enero de 1982.

Grabado y archivado por el señor Carlos Valer, miembro del Centro de Estudios Audiovisuales de la UNSCH. Transcrito del cassette por Marcial Molina Richter, profesor de Lengua y Literatura de la UNSCH.


Señor Vicerrector, Señores Profesores, Autoridades del Claustro, Compañeros Estudiantes:

Estas son notas que estoy terminando de preparar, porque en Literatura como en fútbol a veces las mejores jugadas son las improvisadas.

No voy a pronunciar un discurso de tipo académico, porque no es mi rol; aquí hay un corpus académico. Voy a hablar un poco de literatura simplemente. Y voy a comenzar con una anécdota ocurrida en Centroamérica, me viene a la memoria, porque leyendo “El Diario”, hoy día en la mañana encontré en el conflicto que oponen al Alcalde de Chorrillos y al Club Regatas, el pueblo había llevado un ataúd que dice: “Aquí yacen las leyes de la Constitución”.

Bueno, no todo es drama y todo es drama. Y esto me trajo a la memoria algo que ocurrió en Centroamérica allá por 1910, la fecha no es muy exacta, en la que era presidente, porque fue cuatro veces presidente y cuatro veces reelecto, Estrada Cabrera.

Estrada cabrera, uno de estos tiranos excesivos y terribles de América Latina, era como todo tirano y como todo dictador, un loco, un delirante. En una oportunidad, él llegó a ser reelecto por una votación, y esto explica cuáles son las raíces del drama guerrillero que está viviendo Guatemala, por una votación que supera no sólo a la población de Guatemala, sino que supera a la población de Centroamérica. Y esto consta y constó en las actas oficiales, porque los documentos oficiales mentían.

Y en otra oportunidad, llegó a Guatemala una terrible plaga de langostas. Y esta terrible plaga de langostas asoló la agricultura de Guatemala: la destruyó totalmente. Y la plaga ante la impotencia y la falta de cuidado total del gobierno, un día se fue como vino. Se fue dejando en ruinas la agricultura de Guatemala, y entonces, los áulicos del dictador, no conformes con los desastres de la naturaleza, inventaron un voto de aplauso, que debería dirigirse al Presidente de la República, que la Cámara de Representantes de Guatemala debería dirigir al Presidente de la República, agradeciéndole los esfuerzos desplegados por el gobierno en la extinción de la plaga de langostas. Muy bien… era una ocasión para adulones y ayayeros que son los que forman la mayoría silenciosa en política. Estaban en la votación en el Congreso de Guatemala, y esto lo cuenta el historiador Valladares en su libro, un libro extraordinario que se llama “Ese Pericles”, porque en América Latina la realidad es hasta hoy más fuerte que la literatura, sólo que la realidad no sabe hablar y por eso estamos los escritores que intentamos hablar por la realidad, pero conscientes siempre que muchas veces, no vamos a reflejar todo el poder que tiene la realidad. Estaban como estábamos acá nosotros, porque imaginemos que esta fuera la Asamblea de Guatemala, votando el voto de aplauso, cuando –dice Valladares- por un capricho de la naturaleza, el viento retrotrajo la plaga y millones de langostas, decenas de millones de langostas, volvieron a cubrir de nuevo la ciudad y el local del Congreso, se convirtió –dice Valladares– la noche en día. Y entonces los senadores y los diputados aterrados se vieron ante dos posibilidades: o votar por la realidad y desmentir al Presidente, y declarar que era un farsante que no había exterminado la plaga; o negar a la realidad que veía todo el mundo y acatar la irrealidad que encarnaba el voto de aplauso del Presidente. Naturalmente, como las langostas se van y los dictadores se quedan, votaron a favor del voto de aplauso.

Siempre he citado esta anécdota, porque es una de las anécdotas claves de la anécdota americana; esta dicotomía profunda, grave, esquizofrénica que se produce entre la realidad y el reflejo de la realidad; porque, y aquí volvemos a esos libros de chistes, a esos libros de humor negro, a esa malas colecciones de chistes sangrientos que son las constituciones sudamericanas (y esto no lo digo porque ayer hayan llevado un ataúd con la Constitución en Chorrillos, lo dije ya en una oportunidad, incluso creo en la televisión peruana en la campaña electoral), esa dicotomía ha impedido ver la realidad. Quien en mi opinión ha sabido ver la realidad, ha sido la literatura. Porque la literatura no tuvo anteojeras para ver la realidad.

La primera descripción real, incluyendo a escritores de derecha, o a escritores del centro o a escritores de izquierda –subrayado, simplemente escritores– lo otro es, en este caso, secundario, no la formula las Ciencias Sociales, no la formula ciencias, simplemente la formula la literatura, porque es la única que se enfrenta a lo empírico, la única que describe los hechos.

Aludía el catedrático que me precedió (*), a los relatos ayacuchanos de Julio Ramón Ribeyro, claro esos relatos conocemos, y esos relatos si se pueden aceptar en Ayacucho es por que describe bien a Ayacucho, porque a nivel de ese tipo de literatura no se pueden mentir. Es éste para mí el aporte fundamental de los escritores, aparte del de su arte, aparte de su maestría en la palabra, aparte de lo que como belleza puedan dar a ese ser humano tan desgraciado en este tiempo, el valor de la literatura, el valor y el fondo que yo personalmente le pondría a nuestras reflexiones.

No están acá todos los invitados, porque por razones de viaje van a ir llegando por lotes, pero si hemos tenido todos a venir acá haciendo no esfuerzos, porque no es esfuerzo estar antes ustedes y para muchos es una postergada alegría como para mí estar en Ayacucho. Si hemos tenido a estar aquí presentes, es fundamentalmente señor Vicerrector, y le ruego transmitir mis palabras al señor Rector, porque queremos que con nuestras presencias, que son presencias de críticos eminentes o de narradores de algún prestigio, se refuerce la imagen de la atacada universidad de Huamanga.

En este mundo de Barbarie, de crímenes y de asesinatos, que es la historia del Perú desde que llegaron los conquistadores hasta hoy; en este mundo en el cual hay un mundo muerto que es el mundo indio; en este momento grave que vive el Perú y que vive América Latina ante problemas sin solución, ha quedado y quedará siempre, la Universidad, será cualquiera que fuera su característica, un isla de inteligencia y de reflexión.

Todos nosotros en conjunto como escritores, como académicos y como críticos, estamos en absoluto desacuerdo, con la política de ataque no sólo a la Universidad de Huamanga, sino con la política sistemática de desprecio y de maltrato con que el Estado Peruano ha permanentemente escupido sobre la mejor que ha tenido el Perú: su inteligencia postergada que ha hecho un esfuerzo doloroso por reflexionar y darle cause a sus grandes preocupaciones, mientras aquí ha habido generaciones y generaciones de gentes en el poder que han olvidado que este país es de los peruanos. Muchas gracias por todo. (Aplausos)


(*) Se refiere al discurso pronunciado por el Jefe del Departamento de Lenguas y Literatura de entonces, Dr. Juan Alberto Osorio.